La compositora construye un universo propio a partir de la memoria, la lengua y un proceso creativo marcado por la exposición personal. Su primer disco no cierra una etapa: la abre.

Llucía Plá no llega a su primer proyecto en solitario desde la improvisación. Detrás hay años de búsqueda, de probar formatos y de moverse entre distintos espacios musicales donde, aunque la música estaba presente, todavía no terminaba de ser completamente suya.
Este primer disco aparece, precisamente, como ese lugar propio. Uno donde ya no hay estructuras compartidas ni decisiones repartidas. Todo nace de ella. Y eso, lejos de simplificar el proceso, lo vuelve más exigente.
El vértigo de crear desde uno mismo
Trabajar desde lo personal implica exponerse. No hay distancia entre quien crea y lo que se muestra. Esa sensación, que la propia Llúcia identifica como un vértigo constante, forma parte de su manera de entender la composición.
No desaparece con la experiencia. Se transforma. Se integra en el proceso hasta convertirse en una herramienta más.
Directo vs composición: dos formas de vivir la música
El escenario y el proceso creativo no se viven igual.
En directo, todo pasa por confiar en el trabajo previo. No hay margen para corregir ni controlar. La música sucede en ese instante.
En la composición, en cambio, aparece otro ritmo. Más pausado, más íntimo. Es el espacio donde se prueba, se duda y se construye sin presión externa. Dos planos distintos que, en su caso, no compiten: se complementan.
Un disco que nace de la memoria
El punto de partida del álbum no es conceptual, sino emocional. Una cinta de casete grabada en su infancia, encontrada en casa de su abuela, activa el proyecto.
A partir de ahí, la música se construye como un diálogo entre pasado y presente. Fragmentos de esa grabación, sonidos y texturas se integran en el disco, generando una estructura cercana al collage sonoro.
Puedes explorar más sobre su trabajo en su perfil musical aquí:
https://open.spotify.com/intl-es/album/3jjB5k1rxohr8zQGRO7b8e
Lengua e identidad en la composición
Durante años, escribir no terminaba de encajar. El cambio llega cuando empieza a hacerlo en su lengua materna y en su propio dialecto.
Lejos de ser una decisión estratégica, surge de forma natural. Es ahí donde encuentra una voz que sí le representa. La lengua deja de ser un límite y pasa a ser una base desde la que construir identidad dentro de su proyecto musical.
Una música que no busca encajar
Las influencias de Llúcia Pla no responden a un único estilo. Su recorrido está marcado por una escucha abierta, sin necesidad de encajar en una categoría concreta.
Esa mezcla se refleja en su música. No hay intención de seguir una fórmula ni de responder a una etiqueta. Su propuesta se construye desde la coherencia personal, no desde la adaptación externa.
Crear sin pensar en la respuesta
La recepción del público está presente, pero no marca el camino.
Llúcia prioriza mantenerse fiel a su lenguaje, incluso cuando eso implica moverse en terrenos menos convencionales. Desde ahí, la conexión con quien escucha aparece de forma más natural.
Su proyecto no se define como un resultado cerrado, sino como un proceso en evolución. Un espacio donde la música no funciona como meta, sino como una forma de seguir explorando.