Cuando la composición académica y la canción se encuentran en una artista que busca construir su voz entre el soul, los ritmos afrocolombianos y la creación musical contemporánea

En la actualidad, formarse como compositora implica mucho más que aprender a escribir música. Supone encontrar una voz propia, enfrentarse a un proceso creativo exigente y asumir una realidad profesional compleja. Liz Jennifer Calderón Tovar, alumna del Máster en Composición Musical, representa a una generación de artistas que construyen su camino entre la vocación, la formación y la necesidad de reinventarse constantemente.
La conversación, realizada a través de videollamada, deja ver a una Liz cercana y reflexiva. Habla con calma, pero con una seguridad que aparece con más fuerza cuando se refiere a la música. No responde desde lo teórico, sino desde la experiencia: como alguien que ha tenido que tomar decisiones importantes para seguir apostando por aquello que la define.
Una vocación que llegó antes que las palabras
Su relación con la música no responde a un momento concreto. “Canto desde antes de hablar”, explica con una sonrisa, describiendo una conexión que ha estado presente desde siempre. En su caso, la música no aparece como una elección repentina, sino como una presencia constante que terminó dando forma a su manera de entenderse.
Ese camino, sin embargo, no ha estado libre de dudas. Como ocurre con muchos jóvenes artistas, la vocación convive con una pregunta difícil: cómo convertir la música en una forma de vida sin perder la relación íntima que la sostiene.
Antes de dedicarse plenamente a este ámbito, Liz decidió explorar otros territorios creativos. Estudió cine y televisión, una disciplina que también le permitía comunicar, construir relatos y acercarse a la emoción desde otros lenguajes. Lejos de alejarla de la música, esa etapa la acercó a ella desde otra perspectiva: la banda sonora.
Fue ahí donde ambos mundos comenzaron a tocarse.
Entre la imagen y el sonido
La formación audiovisual abrió una puerta distinta en su proceso creativo. La música dejó de ser solo canción para convertirse también en atmósfera, narración y acompañamiento emocional. En ese cruce entre imagen y sonido, Liz encontró una manera más amplia de pensar la composición.
Ese recorrido la llevó a formarse en composición musical y, posteriormente, a cursar el máster en el que se encuentra actualmente. Una decisión que, según reconoce, ha transformado su forma de entender la música. La idea de la inspiración pierde peso frente a un proceso más consciente, donde el análisis, la planificación y la técnica también forman parte de la creación.
En su caso, componer ya no significa esperar a que llegue una idea. Significa trabajarla, darle forma y entender qué necesita cada obra para sostenerse.
Dos mundos musicales, una misma identidad
A esa formación académica se suma su faceta como cantautora. Liz fusiona el soul con ritmos afrocolombianos, dos lenguajes que en apariencia podrían parecer lejanos, pero que en su música encuentran un punto común.
“Al principio pensaba que eran mundos separados, pero nacen de la misma persona”, afirma.
La frase resume buena parte de su identidad artística. Por un lado, cuenta con canciones publicadas en plataformas digitales, donde trabaja su presencia como artista y construye una relación más directa con el público. Por otro, desarrolla composiciones dentro del ámbito académico, donde puede explorar estructuras más complejas y otros modos de escritura musical.
No son caminos opuestos. Son dos formas de una misma búsqueda.
Liz Calderón no entiende la composición y la canción como territorios separados, sino como dos maneras de nombrar una misma sensibilidad musical.
Crear para conectar
La relación con el público ocupa un lugar importante en su manera de entender la música. En su faceta como cantautora, Liz busca una mayor cercanía. Utiliza estructuras reconocibles, melodías accesibles y una escritura que permita al oyente entrar en la canción sin sentirse expulsado por la complejidad.
En cambio, en la composición académica se permite explorar otros lenguajes. Allí el proceso puede ser más experimental, más estructural, más abierto a la investigación sonora. Aun así, no considera que la distancia entre ciertas músicas y el público se deba siempre a la complejidad. Para ella, muchas veces el problema está en la falta de herramientas para escuchar y comprender.
Esa reflexión conecta con una idea central: la música no solo necesita ser creada, también necesita ser mediada, explicada y compartida.
Crear y sobrevivir en el oficio musical
La conversación también deja ver una realidad compartida por muchos artistas jóvenes: la dificultad de vivir exclusivamente de la música. Liz lo asume con claridad. Su desarrollo artístico convive con un trabajo en el ámbito cinematográfico, una forma de mantenerse dentro del sector creativo mientras continúa construyendo su carrera musical.
Esa dualidad no aparece como contradicción, sino como parte del camino. Crear también implica sostenerse. Buscar espacios. Adaptarse. Encontrar maneras de seguir vinculada al arte incluso cuando la música todavía no puede ocuparlo todo.
En ese proceso, la tecnología se convierte en una herramienta útil, especialmente en la difusión y en la construcción de identidad. No forma parte central de su creación musical directa, pero sí de la manera en que comunica su trabajo, se presenta ante el público y abre nuevas posibilidades de visibilidad.
Una música que busca dejar huella
De cara al futuro, Liz no mide sus objetivos únicamente en cifras. Su deseo principal está en la conexión: que su música llegue a las personas y deje una huella, aunque sea pequeña. Esa aspiración habla de una artista que no entiende la creación como simple producción de canciones, sino como una forma de contacto.
En un camino marcado por la incertidumbre, su decisión parece clara: seguir creando y mantenerse fiel a aquello que da sentido a todo. Entre la composición académica, la canción, el soul, los ritmos afrocolombianos y el lenguaje audiovisual, Liz Calderón construye una identidad que todavía está en movimiento, pero que ya tiene una dirección reconocible.
Su música nace entre dos mundos, pero no se divide entre ellos. Los une.
Para seguir escuchando
Puedes escuchar la música de Liz Calderón en Spotify, donde comparte su faceta como cantautora y continúa construyendo una identidad sonora entre la canción, el soul y sus raíces musicales. El perfil aparece en Spotify como L ! Z.